Sobre el concepto de vanguardia, auge y decadencia. Ver pantalla completa / Imprimir

Por: Alejandro Guzmán Ramírez




La vanguardia, como concepto ha pasado por una serie de acepciones distintas, pero podríamos comentar que es a principios del siglo XX cuando surge en las esferas de lo político y lo social con un valor altamente revolucionario y de ruptura.

En este sentido, por vanguardia se entiende como una postura única, una postura de protesta y propuesta, que lleva en sí misma la idea de trasgresión de los límites establecidos; que se caracteriza por el énfasis puesto en la innovación y en la confrontación con las normas establecidas.

Así, uno de los objetivos principales de la vanguardia era crear escuela, iniciar una nueva tendencia separándose del pasado.1

Aunque aparentemente su irrupción en los distintos contextos sociales y artísticos propuso una nueva versión de la vieja querella entre «antiguos» y «modernos», en realidad su caracterización resultó mucho más compleja y poliédrica. Las vanguardias pueden entenderse como el repudio militante de una tradición, como subversión antiacadémica, como transgresión violenta de los códigos dominantes, como revolución semántica de las formas, como fractura epistemológica o como insurrección ideológica.

De tal forma, haciendo una revisión histórica del concepto, encontramos que:

  • En un principio el término estuvo asociado a una doctrina estratégico-militar de algunos grupos militares en el siglo XVIII. Por lo que el término Avant-garde aparece por primera vez en una revista militar durante la Revolución Francesa.

    El significado original de vanguardia hace referencia a la parte de una fuerza armada que va delante del cuerpo principal. La vanguardia está formada por las primeras líneas de la formación de combate; que alude a las tropas que van por delante en el ejército, la línea de choque con el enemigo.2

  • En la primera mitad del siglo XIX, el socialismo utópico y revolucionario se apropia del término y adquiere una dimensión Histórico-filosófico de carácter internacional. En este sentido, el concepto puede hacerse extensivo para nombrar a la avanzada de un movimiento artístico, político o ideológico donde la vanguardia es algo novedoso que escapa de la tendencia dominante y que podría sentar las bases del desarrollo futuro.

    La vanguardia supone una renovación de formas y contenidos. Una vanguardia artística, por ejemplo, intenta reinventar el arte y se enfrenta a los movimientos existentes. En un principio, la vanguardia es minoritaria y suele generar rechazo por parte de los círculos tradicionales. Con el paso del tiempo, sin embargo, puede convertirse ella misma en parte del sistema (perdiendo su condición vanguardista).

    Aunque las vanguardias tienen características muy distintas entre sí, se asemejan en la lucha contra las tradiciones, la apuesta por la innovación, el ejercicio de la libertad individual y su carácter experimental. En un sentido ideológico y político, los socialistas utópicos representaron la vanguardia en el rompimiento del modelo capitalista resultado de la revolución industrial.3

  • En la segunda mitad del siglo XIX, la idea de vanguardia se introduce progresivamente en los discursos artísticos y literarios para aludir a los movimientos de renovación y cambio, innovando y rompiendo con lo anterior.

    Surgieron los movimientos de vanguardia, a partir de la crisis del racionalismo, cobrando fuerza en el siglo siguiente, cuando las guerras, sobre todo la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, las crisis económicas y los adelantos técnicos mostraron un mundo en constante cambio.

    El arte de vanguardia se aleja de la naturaleza, a la que ya no plagia, pues intenta separarse del realismo. Modifican la naturaleza e incluso llegan a deformarla. Son movimientos novedosos y temporales, ya que no buscan perdurar, sino innovar y provocar, sin sujeción a ninguna regla y proclamando la libertad expresiva.

    Las formas arquitectónicas se tornan asimétricas, la escultura se libera de las formas y la pintura instaura lo abstracto, desterrando lo figurativo. La literatura se torna libre, sin medida en los versos y sin sintaxis, expresando sobre todo, estados anímicos.4

  • Comienzos del siglo XX, caracterizados por la proliferación de manifiestos vanguardistas (más de carácter utópico) principalmente en el ámbito artístico y cultural. El periodo de entreguerras mundiales fortalece las inquietudes artísticas de rebeldía frente al ocaso de la cultura existente. El contexto social en el que se desarrollaron las vanguardias fue extremadamente agitado. Todavía quedaban frescas las consecuencias de la revolución industrial cuando se produce la primera guerra mundial y la revolución rusa, trazando un nuevo mapa político.

    Como hecho agravante de esta convulsionada situación, el sistema económico sufría su crisis más grave de la historia. Es por ello, por los importantes cambios que se estaban padeciendo y por la sensación de que podía contribuirse positivamente en ellos, que las vanguardias pretenden tener injerencia social a través de su arte. Así, una obra ya no estaba solamente destinada a la contemplación, sino a reflejar estos cambios.5

    Algunos ejemplos de estos movimientos son: el dadaísmo, que hace hincapié en lo poco razonable, en la rebeldía y en lo destructivo; el surrealismo, que se sustenta en los postulados de Freud acerca del inconsciente pretendiendo reflejarlo en la obra; el futurismo, que se inspiraba en adelantos técnicos; el ultraísmo, que favoreció el verso libre y la elaboración de la metáfora; el cubismo, que representaba la realidad a través de formas geométricas; el fauvismo, que pretendía expresar sentimientos mediante la explosión de colores y el expresionismo, que hace hincapié en las experiencias interiores.

    En general, las vanguardias no lograron prosperar, principalmente por carecer de sustento propio y solo fundarse en el rechazo de otras tendencias. No obstante, es menester reconocer que han tenido una influencia importante en las creaciones artísticas del siglo XX y en las de hoy en día.

  • Después de la segunda Guerra Mundial, la idea del comenzar de “cero” rechazando todo lo hecho hasta entonces (fortalecimiento e internacionalización del Movimiento Moderno).

    La Vanguardia tiene una contraparte antagónica natural, la Tradición, la cual representa un estilo de vida clásico, propio de personas que encontraron un estilo de vida cómodo en su tiempo y no ven necesidad de buscar nuevas comodidades, en este caso, la vanguardia y la tradición se sumergen en una lucha social en la que la economía juega un papel fundamental como herramienta para evolucionar o quedarse como esta. A pesar de todo esto, el tiempo juega con ambos caracteres haciendo lo vanguardista tradicional con el pasar del tiempo y con lo tradicional obsoleto, haciendo que lo clásico se auto obligue a usar tendencias vanguardistas para poder seguir en el hilo del tiempo el cual es indetenible.6

  • Finales del siglo XX y principio del siglo XXI, las vanguardias se convierten en establishment, donde los valores estéticos se convierten en valores de mercado.

    Si bien en un principio, La vanguardia se presentaba como una crítica al modelo de sociedad predominante y ofrecía la idea del cambio y de transformación de la sociedad a condiciones de vida venideras.7

    En la cultura contemporánea, podríamos hablar sobre la muerte de la vanguardia como un proceso puntual e inventivo, como propuesta delimitada de incorporación de nuevos recursos técnicos y de nuevas demandas sociales y culturales; pues esta, ha sido sustituida por una especie de eclecticismo, como producción masiva de “satisfactores”, flexible de acuerdo a una demanda diversificada, cambiante y consumista.8

Para Eduardo Subirats, el concepto de vanguardia que venía entendido como una “formación artística de choque y ruptura, de una nueva forma y una concepción de la sociedad y la civilización con contenidos político revolucionarios”. Se ha devaluado hasta convertirse en la actualidad en “una práctica institucional, académica y aún burocrática, donde las vanguardias asumen una voluntad esteticista, y se funden con los fenómenos de las modas mercantiles y de la comunicación de masas”. 9

Es decir, la vanguardia ha pasado de un papel crítico y rebelde a un estado normativo, donde sus valores estéticos y de propuesta se han convertido en valores de mercado; en valores de culto al objeto, que nos lleva a plantearnos parte del porqué de la desarticulación de la cultura contemporánea.

Más allá del discurso meramente artístico y de ruptura social, podríamos comentar que la vanguardia también viene entendida como un periodo de reflexión, que rompe con la lógica del progreso y plantea la formulación de un nuevo orden de valores y principios teóricos.

    La dialéctica de la vanguardia es siempre dialéctica entre ruptura y construcción, entre momento crítico y momento propositivo ante la realidad de lenguajes establecidos”.10

Este lapso de replanteamiento nos lleva a distintas condiciones que se pueden extraer del concepto de vanguardia en la actualidad:

  • La elaboración de un pensamiento que proyecta un futuro, como un rechazo total al pasado; y busca un partir de “cero” (un tanto ilusorio), con el riesgo de llegar fácilmente a la utopía y a su aislamiento de la realidad.
  • Que la vanguardia se convierta únicamente en la metáfora o satirización de las figuraciones tradicionales ya en crisis, cayendo en cuestiones más de forma que de contenido.11
  • Las vanguardias se han convertido ya en una idea artística e intelectual de signo ambiguo, que ya no ve hacia el futuro en sentido crítico, más bien se establece como un ritual contemporáneo donde la vanguardia adquiere mayor valor en un museo que en las calles y las escuelas.12

Referencias

1. GIDDENS, Anthony. Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea. Península. Barcelona, 1997.
2. BURGER, Peter. Theory of the avant-garde. University of Minnesota Press. Minneapolis, 1984.
3. TAFURI, Manfredo. The sphere and the Labyrinth. MIT Press. London, 1995.
4. HABERMAS, Jurgen. El discurso filosófico de la modernidad. Taurus. Madrid, 1989.
5. CALINESCU, Matei. Cinco caras de la modernidad: Modernismo, vanguardia, Decadencia, Kitsch, Posmodernismo. Tecnos, Madrid, 1991.
6. FERNÁNDEZ, Alba. La metrópoli vacía: aurora y crepúsculo de la arquitectura de la ciudad moderna. Anthropos. Barcelona, 1990.
7. AULLÓN DE HARO, Pedro. La modernidad poética, la vanguardia y el creacionismo. Universidad de Málaga. Málaga, 2000.
8. VATTIMO, Gianni. Fin de la modernidad: nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna. Gedisa. Barcelona, 1996.
9. SUBIRATS, Eduardo. El final de las vanguardias. Anthropos. Barcelona, 1989.
10. SOLÁ-MORALES, Ignasí. Eclecticismo y Vanguardia. Gustavo Gili. Barcelona, 1980.
11. ECO, Umberto. Obra Abierta. Planeta Agostini. Buenos Aires, 1992.
12. SUBIRATS, Eduardo. La flor y el cristal. Anthropos. Barcelona, 1986.


Fecha de recepción Fecha de aceptación Fecha de publicación
11/05/2015 13/08/2015 29/09/2016

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